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Cuando el Rey se revela, el corazón responde

  • Foto del escritor: Orlando Rodríguez Fonseca
    Orlando Rodríguez Fonseca
  • 25 dic 2025
  • 2 Min. de lectura

Texto base: Isaías 6:5–8


Entonces dije: «¡Ay de mí! Porque perdido estoy, Pues soy hombre de labios inmundos Y en medio de un pueblo de labios inmundos habito, Porque mis ojos han visto al Rey, el Señor de los ejércitos». Entonces voló hacia mí uno de los serafines con un carbón encendido en su mano, que había tomado del altar con las tenazas. Con él tocó mi boca, y me dijo: «Esto ha tocado tus labios, y es quitada tu iniquidad y perdonado tu pecado». Y oí la voz del Señor que decía: «¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?». «Aquí estoy; envíame a mí», le respondí.


La pregunta es inevitable:

¿cómo responde un ser humano cuando se encuentra con un Dios soberano?


Isaías no teoriza la respuesta. La vive.


La Biblia nos muestra que, cuando el trono es revelado, el corazón no permanece igual.


  1. Responde en adoración


    Los serafines no intentan explicar a Dios. No lo cuestionan. Lo adoran.


“Santo, santo, santo es el Señor”.

Cuando entendemos quién está en el trono, la respuesta natural no es el control… es la adoración.


Quizás hoy no entiendes todo lo que Dios está haciendo. Pero si sabes que Él sigue reinando, ya tienes suficiente razón para adorar.


  1. Responde con rendición y honestidad


Isaías exclama:

“¡Ay de mí!”

No es desesperación. Es conciencia.


Isaías no sale inflado espiritualmente; sale quebrantado.


Conocer la soberanía de Dios no nos hace superiores, nos hace honestos.


Cuando reconocemos que Dios está en control, dejamos de fingir y dejamos de intentar controlar lo que nunca estuvo en nuestras manos.


  1. En la incertidumbre, descansa en Su gracia


Antes de enviar a Isaías, Dios lo limpia.


Un carbón encendido toca sus labios. Su culpa es quitada. Su pecado es perdonado.


En medio de la incertidumbre, Dios no exige perfección. Extiende gracia.


Aunque no entendamos todo el proceso, Dios nos refugia, nos limpia y nos transforma.


  1. Responde en obediencia

Solo después de la gracia viene la respuesta:

“Heme aquí, envíame a mí”.

Isaías no responde por miedo ni por obligación. Responde porque ha sido alcanzado por la gracia de un Dios soberano.


La obediencia no nace del temor, nace de la confianza.



Para reflexionar

  • ¿Cómo sueles responder cuando reconoces que Dios está en control: con resistencia o con adoración?

  • ¿Qué áreas de tu vida necesitan más rendición que explicación?

  • ¿Estás descansando en la gracia de Dios en medio de tu incertidumbre actual?

  • ¿A qué te está llamando Dios hoy, no desde la culpa, sino desde la gracia?

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"En cambio, hablaremos la verdad con amor y así creceremos en todo sentido hasta parecernos más y más a Cristo, quien es la cabeza de su cuerpo, que es la iglesia. Él hace que todo el cuerpo encaje perfectamente. Y cada parte, al cumplir con su función específica, ayuda a que las demás se desarrollen, y entonces todo el cuerpo crece y está sano y lleno de amor."

Efesios 4:15-16

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