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Escucha la voz de Dios
La esperanza no nace cuando cambian las circunstancias, sino cuando creemos la Palabra de Dios. Es fácil quedar atrapados mirando el valle. Los huesos secos ocupaban toda la escena, pero ese nunca fue el enfoque principal de la visión. La esperanza comenzó cuando Dios habló. Su Palabra fue la que anunció vida, y su Espíritu fue quien dio vida. El milagro no nació de los huesos, sino del Dios que habló en medio de ellos. Lo mismo sucede con nosotros. Muchas veces esperamos

Orlando Rodríguez Fonseca
hace 4 días2 min de lectura


Cuando Dios tiene la última palabra
Nuestra esperanza no depende de nuestras posibilidades, sino del Dios que hace posible lo imposible. El pueblo decía: «Nuestros huesos se secaron, nuestra esperanza pereció; estamos completamente destruidos» (Ez. 37:11). Lo sorprendente es que Dios nunca contradice ese diagnóstico. No les dice que están exagerando ni que las cosas no son tan graves. Él reconoce la realidad de su condición. Entonces, ¿dónde estaba el problema? Habían evaluado su situación sin tomar en cuen

Orlando Rodríguez Fonseca
hace 5 días1 min de lectura


Cuando la esperanza parece morir
La desesperanza no nace de nuestras circunstancias, sino de creer que Dios ya no puede hacer nada por nosotros. Después de mostrarle a Ezequiel el valle y darle vida a los huesos, Dios mismo explica el significado de la visión: «Estos huesos son toda la casa de Israel» (Ez. 37:11). El valle no representaba simplemente la muerte. Representaba la forma en que el pueblo veía su propia condición. Ellos decían: «Nuestros huesos se secaron, nuestra esperanza pereció; estamos com

Orlando Rodríguez Fonseca
hace 6 días1 min de lectura


El valle de la desesperanza
Dios no ignora nuestra condición; nos lleva a verla para enseñarnos que solo Él puede transformarla. Después de prometer un nuevo corazón y un nuevo espíritu en el capítulo 36, Dios lleva a Ezequiel a un valle. Pero no es un valle cualquiera. Está lleno de huesos secos, una imagen de muerte absoluta y de una situación que, humanamente, no tiene solución. Entonces Dios hace una pregunta sorprendente: «Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos?» (Ez. 37:3). Ezequiel responde: «

Orlando Rodríguez Fonseca
21 jul1 min de lectura


Cuando nuestra esperanza termina, Dios comienza
La esperanza del creyente no descansa en lo que todavía puede hacer, sino en lo que Dios ha prometido hacer. Hay momentos en los que la vida nos deja sin respuestas. No necesariamente porque hayamos perdido la fe, sino porque hemos llegado al límite de nuestras fuerzas. Todo aquello en lo que confiábamos parece derrumbarse y comenzamos a hacernos preguntas muy parecidas a las del pueblo de Israel: ”¿Se acabó todo? ¿Hay alguna esperanza? ¿Todavía Dios está obrando?” Los exi

Orlando Rodríguez Fonseca
20 jul2 min de lectura


Cerca de la cruz
La humildad no es un logro que alcanzamos una vez; es una actitud que cultivamos continuamente al permanecer cerca de Cristo. Si somos honestos, debemos reconocer que el orgullo nunca deja de intentar recuperar el lugar central en nuestro corazón. Es un enemigo silencioso que vuelve una y otra vez. Por eso la humildad tampoco es una experiencia de un solo día. Es una actitud que debemos cultivar constantemente delante de Dios. ¿Cómo lo hacemos? Regresando una y otra vez a

Orlando Rodríguez Fonseca
12 jul1 min de lectura


Así luce un corazón humilde
La verdadera humildad se manifiesta en una vida que depende continuamente de la gracia de Dios. El publicano llegó al templo sin argumentos ni méritos que presentar. Su oración fue sencilla: “Dios, ten misericordia de mí, pecador”. En esas pocas palabras encontramos el retrato de un corazón humilde. El humilde reconoce que necesita a Dios cada día. No intenta impresionarlo con sus logros, sino que descansa en Su misericordia. Comprende que no puede producir su propia justi

Orlando Rodríguez Fonseca
11 jul1 min de lectura


Dios mira el corazón
Dios no evalúa a las personas por su reputación, sino por la condición de su corazón. Cuando Jesús comenzó la parábola diciendo: “Dos hombres subieron al templo…”, sus primeros oyentes probablemente ya habían decidido quién sería el ejemplo a seguir. El fariseo representaba todo lo que la sociedad admiraba: era respetado, conocía la Ley, tenía una vida moral y gozaba de prestigio religioso. En cambio, el publicano era despreciado. Era visto como un traidor y un pecador indi

Orlando Rodríguez Fonseca
10 jul1 min de lectura


El camino de la humildad
La humildad no es una virtud opcional para el creyente; es una actitud que Dios demanda, honra y modela en Cristo. La Biblia habla del orgullo con palabras muy fuertes, pero también presenta la humildad como una de las marcas distintivas del pueblo de Dios. Por medio del profeta Miqueas, el Señor declara lo que demanda de su pueblo: practicar la justicia, amar la misericordia y andar humildemente con Él. No es una recomendación; es un llamado para todos los que desean camin

Orlando Rodríguez Fonseca
9 jul1 min de lectura


Dios resiste al orgulloso
El orgullo busca ocupar el lugar que solo le pertenece a Dios; por eso Él se opone a todo corazón altivo. Desde el comienzo de la Biblia, el orgullo ha estado presente. En el huerto del Edén, la serpiente prometió: “Serán como Dios”. Más adelante, en Babel, los hombres dijeron: “Hagámonos un nombre”. En ambos casos, el problema no era el fruto ni la construcción de una ciudad o una torre. El problema era el corazón. El orgullo siempre desea la gloria para sí mismo. Por eso

Orlando Rodríguez Fonseca
8 jul1 min de lectura


El problema nunca fue la disciplina
Las disciplinas espirituales son buenas, pero pierden su propósito cuando dejan de conducirnos a Dios y comienzan a alimentar nuestro orgullo. Cuando observamos al fariseo de la parábola, encontramos a un hombre muy disciplinado. Iba al templo, oraba, ayunaba y diezmaba. Ninguna de esas prácticas era pecaminosa. Al contrario, todas son disciplinas que Dios valora y que la Biblia anima a cultivar. Entonces, ¿dónde estaba el problema? No en sus acciones, sino en su corazón.

Orlando Rodríguez Fonseca
7 jul1 min de lectura


Un ego inflamado
El orgullo no fortalece el corazón; lo infla y lo vuelve espiritualmente enfermo. Timothy Keller, en La libertad de olvidarse de uno mismo, explica que el apóstol Pablo utiliza una palabra griega que significa “inflarse” o “envanecerse”. La imagen es muy gráfica: un órgano inflamado no es señal de salud, sino de enfermedad. Lo mismo ocurre con el orgullo. Muchas veces pensamos que una persona orgullosa es alguien fuerte o segura de sí misma, pero en realidad sucede lo contr

Orlando Rodríguez Fonseca
6 jul1 min de lectura


La cura para el orgullo
El orgullo solo puede ser vencido cuando reconocemos nuestra necesidad de la gracia de Cristo. No es pecado querer crecer, mejorar o alcanzar nuevas metas. El problema comienza cuando el orgullo transforma los deseos en derechos y el corazón empieza a decir: “Yo merezco más”. Cuando esa forma de pensar se instala en nosotros, la gratitud desaparece y la dependencia de Dios se debilita. Dejamos de preguntarnos: “¿Cómo puedo servir?” para preguntarnos: “¿Qué recibo yo?”. Inclus

Orlando Rodríguez Fonseca
5 jul2 min de lectura


Cuando el mérito reemplaza la gracia
El corazón orgulloso deposita su confianza en lo que hace y comienza a creer que merece el favor de Dios. El fariseo continuó su oración diciendo: “Ayuno dos veces por semana; doy el diezmo de todo lo que gano”. Su seguridad delante de Dios descansaba en su desempeño. Había construido su identidad sobre sus obras. Algo parecido puede ocurrir con nosotros. Podemos llegar a pensar que nuestra estabilidad espiritual, los años en la iglesia, nuestro servicio, el conocimiento bíbl

Orlando Rodríguez Fonseca
4 jul1 min de lectura


La trampa de compararnos
El orgullo nos lleva a medir nuestro valor comparándonos con los demás, en lugar de vivir a la luz de la gracia de Dios. En la parábola, el fariseo oró diciendo: “No soy como los otros hombres… ni aun como este publicano”. Su confianza no estaba en Dios, sino en la comparación con los demás. Ese mismo problema apareció años después en la iglesia de Corinto. Algunos se sentían superiores por su conocimiento, otros por el líder que los había discipulado y otros por los dones es

Orlando Rodríguez Fonseca
3 jul1 min de lectura


Cuando el “yo” ocupa el centro
El orgullo desplaza a Dios del centro de nuestra vida y nos convierte en los protagonistas de nuestra propia historia. En la parábola del fariseo y el publicano, Jesús nos muestra el primer síntoma de un corazón infectado por el orgullo. El texto dice que el fariseo “oraba para sí”. Aunque sus palabras parecían dirigidas a Dios, en realidad el centro de su oración era él mismo. Su oración comienza diciendo: “Dios, te doy gracias…”, pero enseguida deja de hablar de Dios para h

Orlando Rodríguez Fonseca
2 jul1 min de lectura


Perseverar… y vigilar el corazón
Mientras esperamos el regreso de Cristo, debemos perseverar en la oración y cuidar nuestro corazón del orgullo. Jesús contó la parábola de la viuda persistente para enseñar que sus discípulos debían orar siempre y no desmayar. Si un juez injusto terminó respondiendo por la insistencia de una viuda, ¡cuánto más nuestro Padre celestial escuchará el clamor de sus hijos! Pero inmediatamente después, Jesús contó otra parábola: la del fariseo y el publicano. No es un cambio de te

Orlando Rodríguez Fonseca
1 jul1 min de lectura


Viviendo entre el “ya” y el “todavía no”
El reino de Dios ya ha comenzado con la venida de Cristo, pero todavía esperamos su manifestación plena. Mientras tanto, somos llamados a vivir con paciencia, discernimiento y esperanza. Cuando los fariseos preguntaron a Jesús cuándo vendría el reino de Dios, esperaban señales visibles y acontecimientos extraordinarios. Sin embargo, Jesús les respondió que el Reino ya estaba entre ellos, porque el Rey estaba presente. Luego dirigió su atención a los discípulos. Ellos necesita

Orlando Rodríguez Fonseca
30 jun1 min de lectura


El enemigo silencioso
Los peligros más grandes para nuestra vida espiritual no siempre hacen ruido; muchas veces avanzan en silencio hasta alejarnos de Dios. En la medicina existe una condición conocida como el aneurisma de la aorta. Lo más peligroso de esta enfermedad es que puede desarrollarse durante años sin producir síntomas evidentes. La persona continúa con su vida normal, mientras el problema crece silenciosamente hasta que, en muchos casos, ya es demasiado tarde. Algo similar ocurre en l

Orlando Rodríguez Fonseca
29 jun1 min de lectura


Cuando el Rey se revela, el corazón responde
Texto base: Isaías 6:5–8 Entonces dije: «¡Ay de mí! Porque perdido estoy, Pues soy hombre de labios inmundos Y en medio de un pueblo de labios inmundos habito, Porque mis ojos han visto al Rey, el Señor de los ejércitos». Entonces voló hacia mí uno de los serafines con un carbón encendido en su mano, que había tomado del altar con las tenazas. Con él tocó mi boca, y me dijo: «Esto ha tocado tus labios, y es quitada tu iniquidad y perdonado tu pecado». Y oí la voz del Señor q

Orlando Rodríguez Fonseca
25 dic 20252 min de lectura
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