TODAVÍA PUEDES VOLVER

“Pero si esa nación contra la que he hablado se vuelve de su maldad, me arrepentiré del mal que pensaba traer sobre ella.”
— Jeremías 18:8, NBLA
Dios no terminó Su explicación en la casa del alfarero diciendo simplemente: “Yo soy el Alfarero y ustedes son el barro.”
Había algo más que Israel necesitaba escuchar.
Dios les advirtió que tenía poder para “arrancar, derribar y destruir”. Sin embargo, inmediatamente abrió una puerta:
“Si esa nación… se vuelve de su maldad…”
¡Ahí está la misericordia del Alfarero!
El juicio había sido anunciado, pero todavía existía la posibilidad de arrepentirse. Si el pueblo escuchaba, abandonaba su mal camino y regresaba a Dios, el juicio no tenía que ser el final de su historia.
Esto nos enseña algo importante: la soberanía de Dios no elimina nuestra responsabilidad.
Dios llama y nosotros debemos responder. Dios confronta y nosotros debemos escuchar. Dios señala nuestro pecado y nosotros somos llamados a arrepentirnos.
Israel se había apartado de Dios. Había endurecido su corazón y persistido en caminos contrarios a Su voluntad. Sin embargo, Dios todavía les decía:
“Vuélvanse.”
Qué extraordinaria expresión de misericordia.
Las manos que tenían autoridad para derribar eran las mismas manos que todavía estaban ofreciendo una oportunidad para volver.
Quizás Dios lleva algún tiempo confrontando un área de tu vida. No confundas Su paciencia con aprobación. Si Su Palabra está señalando algo, responde mientras escuchas Su voz.
No te endurezcas.
No continúes justificando aquello que Dios te está llamando a abandonar.
Mientras Dios te llama a volver, Su llamado mismo es una expresión de Su misericordia.
Para reflexionar
¿Hay algo de lo cual Dios me está llamando a arrepentirme, pero continúo justificándolo o posponiéndolo?
¿Estoy viendo la corrección de Dios como rechazo, o como una expresión misericordiosa de Su llamado a volver?
Oración
Señor, gracias porque aun cuando me confrontas, lo haces llamándome a volver a Ti. No permitas que mi corazón se endurezca. Muéstrame aquello que debo abandonar y concédeme humildad para arrepentirme, escucharte y regresar a Tus caminos. Amén.
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