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EN LAS MANOS DEL ALFARERO

Foto del escritor: Orlando Rodríguez Fonseca
Orlando Rodríguez Fonseca
14 ago
2 min de lectura
“Entonces descendí a casa del alfarero, y allí estaba él, haciendo un trabajo sobre la rueda.”

— Jeremías 18:3, NBLA



Después de ser recogido, limpiado, humedecido y amasado, finalmente el barro llega a la rueda.



El alfarero lo coloca en el centro, pone sus manos alrededor de él y comienza a darle forma.



Todo lo que ocurrió antes estaba preparando el barro para este momento.



Y quizás esa sea una buena imagen para recordar nuestra vida con Dios: somos una obra que todavía está siendo formada por Sus manos.



Por eso, hay cinco verdades que debemos recordar:



  1. Recuerda que Dios no comenzó Su obra en ti porque ya estabas terminado.


    Si perteneces a Cristo, es por gracia. Esto elimina nuestro orgullo y nos ayuda a mirar con esperanza a otros que todavía están siendo transformados.


  2. No te resistas a aquello que Dios quiere remover.

    Hay pecados, actitudes, resentimientos y hábitos que no pertenecen a la obra que Dios está haciendo. Cuando Su Palabra los señale, no defiendas lo que Él quiere quitar.


  3. Permanece expuesto a la Palabra y sensible al Espíritu Santo.


    Necesitamos continuamente una Palabra que confronte, corrija y renueve nuestro corazón. Nuestra oración debe ser: “Señor, muéstrame dónde necesito cambiar.”


  4. No interpretes toda presión como señal de que Dios te ha abandonado.


    Habrá procesos que no comprenderemos. Pero la dificultad no significa necesariamente ausencia. El Alfarero puede seguir trabajando aun cuando no entendemos Sus manos.


  5. Depende de las manos del Alfarero y no de tu capacidad para controlar el proceso.


    Queremos saber cuándo, cómo y por qué. Pero la fe no consiste en comprender cada movimiento de Dios, sino en aprender a confiar en Él mientras continúa formando nuestra vida.



Quizás todavía no puedes ver la forma final.



Quizás todavía hay áreas que necesitan ser trabajadas.



Pero recuerda cómo comenzó todo: aquel barro que parecía común e insignificante fue recogido porque el Alfarero veía en él algo que nadie más podía ver.



Ahora está sobre la rueda.



Y las manos que lo escogieron, lo recogieron y lo prepararon son las mismas manos que continúan dándole forma.



Confía en las manos del Alfarero.



Para reflexionar



  1. ¿Qué hay todavía en mi vida que estoy defendiendo, pero que Dios lleva tiempo queriendo remover?


  2. ¿Estoy confiando en las manos del Alfarero, o solamente confío en Él cuando entiendo lo que está haciendo?



Oración



Señor, gracias porque no has dejado de trabajar en mí. Ayúdame a no resistirme a Tus manos, a permanecer sensible a Tu Palabra y a Tu Espíritu, y a confiar en Ti aun cuando no comprenda el proceso. Sigue formando mi vida conforme a Tu propósito. Amén.



Comentarios


Sobre nosotros

"En cambio, hablaremos la verdad con amor y así creceremos en todo sentido hasta parecernos más y más a Cristo, quien es la cabeza de su cuerpo, que es la iglesia. Él hace que todo el cuerpo encaje perfectamente. Y cada parte, al cumplir con su función específica, ayuda a que las demás se desarrollen, y entonces todo el cuerpo crece y está sano y lleno de amor."

Efesios 4:15-16

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