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EN MANOS DEL SOBERANO

Foto del escritor: Orlando Rodríguez Fonseca
Orlando Rodríguez Fonseca
18 ago
2 min de lectura
“Tal como el barro en manos del alfarero, así son ustedes en Mi mano, casa de Israel.”

— Jeremías 18:6, NBLA



Jeremías había observado en silencio. Había visto al alfarero, el barro y la rueda. Había contemplado cómo una vasija se echaba a perder y cómo el alfarero volvía a trabajar con ella.



Ahora Dios le explica el significado de aquella escena:



El Alfarero representa a Dios y el barro representa a Su pueblo.



Israel necesitaba recordar una verdad que fácilmente nosotros también podemos olvidar: Dios continúa siendo soberano sobre aquello que está en Sus manos.



Daniel declaró que nadie puede detener Su mano (Daniel 4:35), e Isaías preguntó: si Dios ha determinado algo, “¿quién puede frustrarlo?” (Isaías 14:27).



Nuestro Dios no es un Alfarero impotente frente al barro.



Sus manos tienen autoridad. Sus manos gobiernan. Sus manos forman. Sus manos dirigen conforme a Sus propósitos.



Y para quienes pertenecemos a Cristo, hay otra verdad que acompaña esta imagen: somos Suyos.



Fuimos comprados por precio (1 Corintios 6:19-20). Cristo se entregó para redimir y purificar “para Sí un pueblo para posesión Suya” (Tito 2:14).



Por eso, estar en las manos del Alfarero no significa simplemente que Dios está cerca. Significa reconocer que mi vida le pertenece y que Él tiene derecho a dirigirla conforme a Su voluntad.



Quizás el barro quisiera decidir su propia forma, controlar la velocidad de la rueda o determinar cuándo ha terminado el proceso. Pero nuestra seguridad no está en controlar las manos del Alfarero, sino en recordar quién es Aquel que nos sostiene.



Dios sigue siendo soberano.



Pero hay algo más.



Jeremías 18 no termina en el versículo 6. Dios todavía tiene algo que decir acerca del barro y de cómo Su pueblo responde a Sus manos.



Para reflexionar



  1. ¿Hay algún área de mi vida que digo haber entregado a Dios, pero que todavía intento controlar?


  2. ¿Cómo cambiarían mis decisiones si viviera diariamente consciente de que pertenezco a Cristo?



Oración



Señor, reconozco que mi vida te pertenece. Tú eres soberano y Tus manos tienen autoridad para dirigir, formar y cumplir Tus propósitos en mí. Ayúdame a dejar de luchar por el control y a vivir confiando y sometiéndome a Tu voluntad. Amén.


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Sobre nosotros

"En cambio, hablaremos la verdad con amor y así creceremos en todo sentido hasta parecernos más y más a Cristo, quien es la cabeza de su cuerpo, que es la iglesia. Él hace que todo el cuerpo encaje perfectamente. Y cada parte, al cumplir con su función específica, ayuda a que las demás se desarrollen, y entonces todo el cuerpo crece y está sano y lleno de amor."

Efesios 4:15-16

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