Contender sin ser contenciosos

“…exhortándoos a que contendáis ardientemente por la fe que de una vez para siempre fue entregada a los santos.”
Judas 1:3
Judas no solo identifica el peligro. También nos dice cómo responder: “Contendáis ardientemente por la fe.”
La expresión comunica una lucha intensa, como la de un atleta que emplea todas sus fuerzas. La verdad merece nuestro esfuerzo.
Pero hay una distinción importante: Judas nos manda a contender por la fe, no a ser contenciosos con las personas.
Podemos comenzar defendiendo la verdad y terminar defendiendo nuestro orgullo, especialmente en las redes sociales.
Una enseñanza con la que no estamos de acuerdo puede convertirse rápidamente en una batalla. Queremos responder y demostrar que tenemos razón.
Pero la Escritura enseña otra manera de contender. Pablo dice que debemos destruir argumentos y llevar todo pensamiento a la obediencia de Cristo (2 Corintios 10:5).
Observemos el objetivo: argumentos, no personas.
Combatimos la mentira con la verdad, pero mostramos gracia hacia quien ha sido confundido por ella.
Atacamos el error con la espada de la verdad, pero abrazamos al errado con los brazos de la gracia. No salimos a cazar herejes; salimos a rescatar cautivos.
Pedro añade que debemos presentar defensa de nuestra esperanza “con mansedumbre y reverencia” (1 Pedro 3:15).
No solo importa qué defendemos. También importa cómo lo defendemos.
Podemos tener el argumento correcto y una actitud contraria al carácter de Cristo.
Ganar una discusión humillando a alguien no significa que hemos defendido bien el evangelio.
La apologética bíblica no busca aplastar al oponente, sino alumbrarlo con la luz de Cristo.
Pablo exhortó a los filipenses a permanecer “firmes en un mismo espíritu, unánimes combatiendo juntos por la fe del evangelio” (Filipenses 1:27).
Juntos.
Contender por la fe es responsabilidad de la iglesia. Necesitamos una comunidad donde aprendamos la Palabra, podamos corregirnos y recordemos que nuestra misión es glorificar a Cristo.
El mundo digital suele recompensar al más agresivo y al comentario más provocador.
El evangelio nos llama a algo diferente: convicciones firmes y corazones mansos.
No necesitamos escoger entre verdad y amor.
En Cristo podemos sostener la verdad sin soltar la gracia.
Preguntas para reflexionar
Cuando alguien contradice mis convicciones bíblicas, ¿quiero ayudarle a comprender la verdad o demostrarle que está equivocado?
¿Mi manera de defender la fe refleja la mansedumbre y el carácter de Cristo?
Oración
Señor, danos valentía para contender por la fe y humildad para hacerlo como Cristo. Líbranos de confundir firmeza con arrogancia. Enséñanos a combatir el error sin dejar de amar a las personas. Que nuestras palabras estén llenas de verdad, gracia y mansedumbre. Ayúdanos a permanecer unidos como iglesia y que, al defender Tu verdad, otros puedan ver el carácter de Cristo en nosotros. Amén.
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