Perseverar… y vigilar el corazón
- Orlando Rodríguez Fonseca

- 1 jul
- 1 min de lectura
Mientras esperamos el regreso de Cristo, debemos perseverar en la oración y cuidar nuestro corazón del orgullo.
Jesús contó la parábola de la viuda persistente para enseñar que sus discípulos debían orar siempre y no desmayar. Si un juez injusto terminó respondiendo por la insistencia de una viuda, ¡cuánto más nuestro Padre celestial escuchará el clamor de sus hijos!
Pero inmediatamente después, Jesús contó otra parábola: la del fariseo y el publicano. No es un cambio de tema; es una continuación de la enseñanza.
Mientras esperamos el regreso del Señor, no solo enfrentaremos persecución, sufrimiento y oposición. También tendremos que luchar contra un enemigo mucho más silencioso: el orgullo.
Lo sorprendente es que Jesús no limita esta advertencia a los fariseos. Lucas dice que la parábola fue dirigida a “unos que confiaban en sí mismos como justos”. Esa descripción puede alcanzar a cualquier persona, incluso a quienes siguen a Cristo.
El orgullo no siempre se presenta como rebeldía abierta. Muchas veces se esconde detrás de una vida disciplinada, del conocimiento bíblico, de los años en la iglesia o del servicio cristiano. Por eso es tan peligroso: puede crecer sin que lo notemos.
Mientras esperamos al Rey, no solo debemos perseverar en la oración; también debemos permitir que Dios examine continuamente nuestro corazón.
Conclusión
La perseverancia cristiana no consiste únicamente en seguir adelante, sino también en caminar con un corazón humilde delante de Dios.
Pregunta reflexiva
¿Estoy cuidando mi comunión con Dios únicamente por mis prácticas espirituales, o también estoy permitiendo que Él examine las motivaciones de mi corazón?
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