Un ego inflamado
- Orlando Rodríguez Fonseca

- 6 jul
- 1 min de lectura
El orgullo no fortalece el corazón; lo infla y lo vuelve espiritualmente enfermo.
Timothy Keller, en La libertad de olvidarse de uno mismo, explica que el apóstol Pablo utiliza una palabra griega que significa “inflarse” o “envanecerse”. La imagen es muy gráfica: un órgano inflamado no es señal de salud, sino de enfermedad.
Lo mismo ocurre con el orgullo. Muchas veces pensamos que una persona orgullosa es alguien fuerte o segura de sí misma, pero en realidad sucede lo contrario. El orgullo no engrandece al ser humano; simplemente lo infla.
Keller describe cuatro características de ese ego inflamado. Está vacío porque intenta llenar con logros, prestigio o reconocimiento el lugar que solo Dios puede ocupar. Es doloroso porque vive pendiente de la opinión de los demás. Está ocupado porque nunca deja de compararse y competir. Y es frágil porque cualquier crítica o fracaso puede desinflarlo.
El fariseo de la parábola reflejaba perfectamente esa condición. Su identidad descansaba en sí mismo y no en Dios.
La verdadera libertad no consiste en pensar más de nosotros mismos, ni siquiera en pensar menos de nosotros mismos, sino en pensar menos en nosotros mismos y más en Cristo. Solo cuando nuestra identidad descansa en Él, el corazón deja de buscar aquello que jamás podrá satisfacerlo.
Conclusión
Un ego inflado siempre será un corazón inseguro; un corazón lleno de Cristo puede descansar en Su gracia.
Pregunta reflexiva
¿Sobre qué estoy construyendo mi identidad: sobre lo que hago y lo que otros piensan de mí, o sobre la gracia que Dios me ha dado en Cristo?
%20(100%20x%20100%20px).png)



Comentarios