Cerca de la cruz
- Orlando Rodríguez Fonseca

- 12 jul
- 1 min de lectura
La humildad no es un logro que alcanzamos una vez; es una actitud que cultivamos continuamente al permanecer cerca de Cristo.
Si somos honestos, debemos reconocer que el orgullo nunca deja de intentar recuperar el lugar central en nuestro corazón. Es un enemigo silencioso que vuelve una y otra vez.
Por eso la humildad tampoco es una experiencia de un solo día. Es una actitud que debemos cultivar constantemente delante de Dios.
¿Cómo lo hacemos? Regresando una y otra vez a las Escrituras. La Palabra de Dios examina nuestro corazón, confronta nuestro orgullo y nos recuerda quién es Él y quiénes somos nosotros. También debemos volver continuamente al evangelio, porque allí recordamos que todo lo que somos y todo lo que tenemos es únicamente por la gracia de Dios.
Que nunca lleguemos a admirar más nuestra obediencia que la misericordia del Señor. Que nunca dejemos de reconocer cuánto lo necesitamos. Y que, como el publicano, podamos acercarnos cada día con un corazón humilde, descansando no en nuestros méritos, sino en la infinita gracia de Cristo.
Mientras el orgullo nos aleja de Dios, la humildad nos mantiene cerca de la cruz. Y cerca de la cruz nunca olvidaremos que nuestra única esperanza, ayer, hoy y siempre, es la misericordia de Dios.
Conclusión
El camino de la humildad comienza y termina al pie de la cruz, donde la gracia de Dios vence nuestro orgullo.
Pregunta reflexiva
¿Estoy viviendo cada día cerca de la cruz, recordando que mi única esperanza es la misericordia de Dios, o poco a poco he comenzado a confiar nuevamente en mis propios méritos?
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