El camino de la humildad
- Orlando Rodríguez Fonseca

- 9 jul
- 1 min de lectura
La humildad no es una virtud opcional para el creyente; es una actitud que Dios demanda, honra y modela en Cristo.
La Biblia habla del orgullo con palabras muy fuertes, pero también presenta la humildad como una de las marcas distintivas del pueblo de Dios.
Por medio del profeta Miqueas, el Señor declara lo que demanda de su pueblo: practicar la justicia, amar la misericordia y andar humildemente con Él. No es una recomendación; es un llamado para todos los que desean caminar con Dios.
Las Escrituras también nos recuerdan que el Dios Altísimo habita con el contrito y humilde de espíritu. Aunque reina sobre todo el universo, se acerca al corazón que reconoce su necesidad de Él.
Pero el ejemplo supremo de humildad es Jesucristo. Siendo Dios, tomó forma de siervo y se humilló para cumplir la voluntad del Padre. Por eso, cuando Jesús dijo: “Aprendan de Mí, que soy manso y humilde de corazón”, no solo estaba dando un consejo; estaba invitándonos a seguir Su ejemplo.
La humildad también debe distinguir la vida de la iglesia. Cuando dejamos de buscar nuestro propio reconocimiento y comenzamos a considerar a los demás como más importantes que nosotros mismos, reflejamos el carácter de Cristo.
Conclusión
La humildad no disminuye nuestro valor; nos acerca al corazón de Dios y nos hace parecer más a Cristo.
Pregunta reflexiva
¿Estoy buscando que otros vean mi grandeza, o que a través de mi vida puedan ver el carácter humilde de Cristo?
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