Dios resiste al orgulloso
- Orlando Rodríguez Fonseca

- 8 jul
- 1 min de lectura
El orgullo busca ocupar el lugar que solo le pertenece a Dios; por eso Él se opone a todo corazón altivo.
Desde el comienzo de la Biblia, el orgullo ha estado presente. En el huerto del Edén, la serpiente prometió: “Serán como Dios”. Más adelante, en Babel, los hombres dijeron: “Hagámonos un nombre”. En ambos casos, el problema no era el fruto ni la construcción de una ciudad o una torre. El problema era el corazón.
El orgullo siempre desea la gloria para sí mismo.
Por eso la Biblia utiliza palabras muy fuertes al hablar de este pecado. Proverbios declara que el Señor aborrece al orgulloso y afirma que “delante de la destrucción va el orgullo”. Lo que el orgullo promete como grandeza, casi siempre termina convirtiéndose en caída.
La historia de Nabucodonosor es un claro ejemplo. Siendo el hombre más poderoso de su tiempo, creyó que toda su grandeza provenía de su propia capacidad. Dios permitió que fuera humillado hasta que reconociera que todo poder, toda autoridad y toda gloria pertenecen al Altísimo.
El evangelio nos recuerda esa misma verdad. Nuestra salvación es por gracia para que nadie pueda gloriarse delante de Dios. Todo lo que somos y todo lo que tenemos es un regalo de Su misericordia.
Conclusión
El orgullo busca apropiarse de la gloria de Dios; la humildad reconoce que toda la gloria le pertenece únicamente a Él.
Pregunta reflexiva
¿Hay alguna área de mi vida en la que estoy atribuyéndome el mérito que en realidad pertenece a Dios?
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