Cuando Dios tiene la última palabra
- Orlando Rodríguez Fonseca

- hace 5 días
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Nuestra esperanza no depende de nuestras posibilidades, sino del Dios que hace posible lo imposible.
El pueblo decía: «Nuestros huesos se secaron, nuestra esperanza pereció; estamos completamente destruidos» (Ez. 37:11).
Lo sorprendente es que Dios nunca contradice ese diagnóstico. No les dice que están exagerando ni que las cosas no son tan graves. Él reconoce la realidad de su condición.
Entonces, ¿dónde estaba el problema?
Habían evaluado su situación sin tomar en cuenta a Dios.
Mientras ellos solo veían muerte, Dios veía una oportunidad para manifestar su poder. Mientras ellos pensaban que la historia había terminado, Dios apenas estaba escribiendo el siguiente capítulo.
Esa sigue siendo una tentación para nosotros. Cuando miramos únicamente nuestras circunstancias, es fácil concluir que no hay salida. Pero la esperanza cristiana nunca ha descansado en nuestras fuerzas, sino en el carácter de Dios.
En el valle nadie podía producir vida. Ni el profeta, ni los huesos, ni nadie. Solo Dios podía hacer lo que era humanamente imposible.
Y esa sigue siendo nuestra esperanza hoy. El Dios que dio vida a un valle de huesos secos continúa siendo el Dios que da esperanza a quienes ya no encuentran razones para esperar.
Preguntas para reflexionar
¿Hay alguna situación en la que he dejado a Dios fuera de la ecuación?
¿Qué cambia cuando miro mi realidad a la luz del poder de Dios?
¿Dónde necesito recordar hoy que Dios todavía tiene la última palabra?
Oración
Señor, muchas veces miro mis circunstancias y olvido quién eres Tú. Ayúdame a levantar la vista y recordar que mi esperanza no descansa en mis fuerzas, sino en tu poder y en tu fidelidad. Amén.
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