El valle de la desesperanza
- Orlando Rodríguez Fonseca

- 21 jul
- 1 min de lectura
Dios no ignora nuestra condición; nos lleva a verla para enseñarnos que solo Él puede transformarla.
Después de prometer un nuevo corazón y un nuevo espíritu en el capítulo 36, Dios lleva a Ezequiel a un valle. Pero no es un valle cualquiera. Está lleno de huesos secos, una imagen de muerte absoluta y de una situación que, humanamente, no tiene solución.
Entonces Dios hace una pregunta sorprendente:
«Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos?» (Ez. 37:3).
Ezequiel responde: «Señor Dios, Tú lo sabes.» No es una respuesta de duda, sino de humildad. El profeta reconoce que la respuesta no está en la capacidad humana, sino en el poder de Dios.
Muchas veces nosotros también llegamos a nuestro propio valle. Vemos relaciones rotas, luchas con el pecado, enfermedades o circunstancias que parecen irreversibles. Y, como Ezequiel, descubrimos que no tenemos respuestas.
Pero ese es precisamente el punto donde Dios quiere llevarnos: a reconocer que lo imposible para nosotros nunca ha sido imposible para Él.
Preguntas para reflexionar
¿Qué “valle” estoy enfrentando hoy?
¿Estoy mirando mi situación solo desde mis posibilidades o desde el poder de Dios?
¿Qué necesito entregar hoy al Señor, reconociendo que solo Él tiene la respuesta?
Oración
Señor, cuando mis ojos solo ven un valle de desesperanza, ayúdame a recordar que Tú sigues siendo el Dios de lo imposible. Enséñame a confiar en Ti aun cuando no pueda ver la salida. Amén.
%20(100%20x%20100%20px).png)



Comentarios