Escucha la voz de Dios
- Orlando Rodríguez Fonseca

- hace 4 días
- 2 min de lectura
La esperanza no nace cuando cambian las circunstancias, sino cuando creemos la Palabra de Dios.
Es fácil quedar atrapados mirando el valle. Los huesos secos ocupaban toda la escena, pero ese nunca fue el enfoque principal de la visión.
La esperanza comenzó cuando Dios habló.
Su Palabra fue la que anunció vida, y su Espíritu fue quien dio vida. El milagro no nació de los huesos, sino del Dios que habló en medio de ellos.
Lo mismo sucede con nosotros. Muchas veces esperamos que Dios cambie primero nuestras circunstancias para entonces recuperar la esperanza. Sin embargo, el Señor suele obrar al revés: primero fortalece nuestro corazón con su Palabra y luego nos enseña a descansar en Él, cualquiera que sea el desenlace.
A veces Dios cambia el valle. Otras veces cambia a quienes caminan por él. A veces calma la tormenta; otras veces sostiene a sus hijos mientras la atraviesan. En ambos casos, sigue siendo el mismo Dios fiel.
Por eso, no bases tu esperanza en lo que alcanzan a ver tus ojos. Aférrate a lo que Dios ha dicho. Él sigue hablando, sigue sosteniendo y sigue dando vida a su pueblo.
Preguntas para reflexionar
¿Estoy poniendo mi esperanza en que cambien mis circunstancias o en el Dios que nunca cambia?
¿Qué promesa de Dios necesito recordar hoy?
¿Cómo puedo descansar en la fidelidad de Dios, aun si mi situación no cambia de inmediato?
Oración
Señor, ayúdame a confiar más en tu Palabra que en lo que ven mis ojos. Si decides cambiar mi valle, te daré gloria; y si decides sostenerme mientras lo atravieso, también confiaré en Ti. Tú eres mi esperanza hoy y siempre. Amén.
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